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METAFISICA - octava partee


CRISTIANISMO DINÁMICO

Antes de emprender cualquier oficio, el candidato que lo va a desempeñar recibe instrucciones o estudia la técnica del oficio. El único oficiante que emprende su cometido totalmente a ciegas es el ser humano, ¡al lanzarse a la máxima tarea de vivir! Sin brújula, compás o diseño, sólo equipado con el material secundario y sin nociones de preparación básica es lanzado al laberin­to... ¡y ojalá que no incurra en el mal!

Hay vidas que transcurren entre la opulencia y las satisfacciones. Otras transcurren en la miseria. Las hay que se inician con todas las ventajas de la educación, la ciencia, la medicina, la religión y todas las previsiones que pueden idear el afecto y la fortuna, ¡y las persigue un atajo de calamidades! ¿A qué se debe la colección de diferencias?

La Primera Ley de la Creación es la siguiente:

LO QUE PIENSAS SE MANIFESTARÁ. No solamente en tu cuerpo y tu carácter. En lo exterior. En lo material. En tus condiciones. En lo que te ocurre. TU PROPIO CONCEPTO ES LO QUE TÚ VES SUCEDER.

Si tienes formado el concepto de que la salud es el estado natural del hombre, eres de constitución saludable hagas lo que hagas. Si tu concepto es que la riqueza es inevitable, serás siempre rico. Si consideras que tu destino es la pobreza, los accidentes, la muerte, los achaques de la vejez, la mala o buena suerte, ser víctima de la maldad o merecedor de todo lo mejor, la lucha constante o la plenitud sin esfuerzo; LO QUE QUIERAS QUE TÚ ESPERES NORMALMENTE, O AQUELLO CON QUE TÚ CUENTAS EN MAL O EN BIEN, ÉSA ES LA CONDICIÓN EN QUE VIVES O VERÁS MANIFESTARSE.

No se está jamás consciente de la mayoría de estos conceptos. Se forman involuntariamente cuando se ig­noran las leyes de la creación. Estas constituyen la brújula, el compás y la materia prima con que se debería equipar a un niño antes de aprender el alfabeto.

Con lo que hasta aquí has leído, te habrás dado cuenta de que el hombre no es lo que siempre se ha creído: un corcho en medio de una tempestad, batido aquí y allá según la ola. Su mundo, sus circunstancias y todo lo que le ocurre en su vida son creaciones de él y de nadie más. El es quien ordena. Si su concepto de la vida es que está en una tempestad y él es un corcho en medio de ella, así será. El lo ha ordenado y permitido. El es el rey de su mundo. Eso es lo que significa "nacer con libre albedrío". Libre de escoger entre pensar positivamente o pensar negativamente. Toda su vida, todos sus logros o sus fracasos, TODAS LAS MANIFESTACIO­NES DEPENDEN DEL CONCEPTO QUE TENGAN ESTABLECIDO EN EL SUBCONSCIENTE. Hoy sabemos que lo que pensamos a menudo pasa al Subconsciente y se radica allí actuando como reflejo. La psicología lo ha comprobado. La me­tafísica y la filosofía ahondan mucho más en la mecáni­ca expresada pero, como dije anteriormente, lo expone en una forma tan compleja y enredada que casi no es posible comprenderla.

Cuando el pobre ser humano se ve envuelto en los efectos de su ignorancia; cuando ha producido alguna calamidad que lo tortura, se vuelve hacia Dios y le suplica que lo libre del sufrimiento. La experiencia diaria nos comprueba que a veces "Dios atiende", pero otras veces no. Cuando Dios no atiende, el pobre ser humano es consolado por sus familiares y amigos con las siguientes palabras: "Hay que resignarse ante la voluntad de Dios." ¡Como si la voluntad de Dios fuera mala! El mismo Jesús dijo. "PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD". ¿Y podrá creerse que Dios esté gozando de su paz celestial impunemente, estando impregnado de mala voluntad?

LA ORACIÓN ES DE UNA POTENCIA EXTRAORDINARIA, PORQUE ES DE UN GRADO ALTAMENTE POSITIVO. ES DIRIGIR EL PENSA­MIENTO AL PROPIO ORIGEN DEL BIEN Y DEL AMOR Y NO EXISTE NADA MÁS ALTO. DEBE MANIFESTARSE EL BIEN INSTANTÁNEA­MENTE. Debe transformar a ojos vista, como milagro, aquello que necesita transformarse. Pero como la Primera Ley de la Creación es que el concepto es lo que rige en los asuntos de los hombres; si el concepto que el suplicante tiene de Dios es que El es un magnate capri­choso, lleno de mala voluntad, que manda pruebas y castigos más a menudo que premios y beneficios, el suplicante verá manifestarse su concepto de Dios. El tan sencillo como te lo digo.

"¿Y por qué si Dios es todopoderoso no interviene para que no suceda esto y aquello y lo de más allá?", preguntan los hombres. Porque Dios es principio. El principio inquebrantable. Inquebrantable significa que no varía. Tampoco puede entrometerse a quebrantar los otros Principios que El ha creado. Si te creó con libre albedrío. El es el primero en respetarlo. Tú escoges tus conceptos, tus opiniones, tus deseos, tus pensamientos; das tus órdenes y El es el primero en considerarlas. Ahora, si el pobre ser humano del cual estábamos ha­blando, eleva su pensamiento al plano de Dios (y ésta no es sino otra forma de llamar a la oración), si el ser humano trata de calmar su angustia y se obliga a pensar en algo bueno, verá el milagro que pide; porque se ha quitado él mismo del camino. Porque ha puesto el pro­blema en manos de Dios, o sea, en el plano del Amor.

Esto se llama Fe.

 

LA FE

Habrás visto que la Fe es un sistema, una manera de actuar. La Fe tiene dos nombres: Fe y Temor. Los dos son una misma cosa y una misma fuerza. Se le llama Fe cuando se espera lo bueno, se le llama Temor cuando se espera lo malo. Así es, tan simple como suena. Cuando tú sientes temor, estás presintiendo algo malo; o sea, pre­sintiendo. Anticipándolo. Esperándolo con todas las fuerzas de tu alma, y él no se hace esperar. Lo estás llamando y tiene que atender porque tú lo mandas. Cuando te ocurre que tú estás temiendo, generalmente anuncias con aire triunfante: "¡Ah!, ¡yo lo sabía! ¡Lo presentía!" Y por supuesto tienes razón; pero ahora verás que no es que iba a suceder inevitablemente y que tus facultades superiores o tus dotes de vidente te lo anunciaron, sino que tu pensamiento lo creó, atrayendo lo necesario para que se manifestara.

TODO PENSAMIENTO QUE VA ACOMPAÑADO POR UN SENTIMIENTO, SE MANIFIESTA MÁS RÁPIDAMENTE Y CON MAYOR FUERZA. Esto forma parte de la Ley Primera. El Temor es un sentimiento muy fuerte. Por eso es tan terrible todo lo producido por la combinación del pen­samiento y temor. Los accidentes de tránsito que produ­cen la muerte o invalidez, los infartos, el cáncer, la úlcera estomacal y tantas otras atrocidades que aquejan a la humanidad ignorante.

Por supuesto te veo pensando en las causas materia­les de todas estas cosas. Te veo protestando interior­mente porque siempre se le ha dado importancia a la causa material; por ejemplo, los gérmenes y microbios causantes de muchas enfermedades; pero es que esos virus y gérmenes no son sino efectos, a su vez, y no causas. La causa original está en la mente. El germen no es sino uno de los eslabones de una cadena. La enferme­dad es el eslabón que le sigue. Te estoy tratando de llevar hacia atrás y no hacia adelante, en el orden de la creación. La causa material es un producto ya termina­do. El diseño original, básico, es el pensamiento. Todo lo demás que proviene después en lo exterior, no es otra cosa que el material disponible para la realización de la obra. ¿Me comprendes?

La Fe es la otra cara de una misma moneda. Por una cara está el Temor, por la otra la Fe. La Fe es positiva. El temor es negativo. La Fe produce el aspecto bueno. El Temor produce el aspecto malo. ¡Nadie teme jamás que vaya a suceder algo se considera malo! El pensa­miento que está acompañado por la Fe es, pues, bueno, y se manifiesta más rápidamente y con mayor fuerza al igual que su opuesto. Es posible aprender a tener Fe; Ella viene por el conocimiento. Al aprender a emplear la maquinaria de la Fe, desaparece todo el temor.

Tú sabes que la Capital de tu país está en tal o cual parte. Tienes ese conocimiento porque te lo han enseña­do los que lo conocen. Tú no lo pones en duda y sabes que si tomas el tren o el avión o el auto para dirigirte a la Capital, vas para la Capital y no para la Luna. Pues eso es Fe. Tu tienes Fe en que la Capital existe y que tu deseo o tu necesidad te llevan a ella. Tienes Fe en llegar a ella. ¡No temes llegar a la Luna! El conocimiento destierra la duda. La Fe destierra el Temor.

Ya sabes, pues, que el pensamiento negativo produce un efecto que llaman "malo". Que el pensamiento posi­tivo produce el efecto que llaman "bueno". Conoces el peligro de acompañar el peligro con el Temor. Esos resultados "malos", efectos del pensamiento negativo y del temor, son los llamados castigos que las iglesias y la gente buena han creído "ser mandados por Dios". ¿Te das cuenta de la magnitud del error?

Jesús dijo: "TAL COMO PIENSA EL HOMBRE EN SU CORA­ZÓN, ASÍ ES ÉL". ¡Aquí está expresado en una cápsula toda la explicación anterior! El pensamiento unido al senti­miento "piensa... en corazón", y la frase minúscula: "así es él" encierran todo en un capítulo; pues el hom­bre y su mundo son uno. El hombre y todo lo que él reproduce, exterioriza, fabrica, posee y reúne en su entorno, son uno con él; y él (más todo lo enumerado) es un reflejo exacto de la imagen que tiene asentada en el alma.

Salomón dijo antes y aún más claro:

"SEGÚN PIENSAS EN TU ALMA, ASÍ ES."  (proverbios, 23:7)

 

LA MECÁNICA DEL PENSAMIENTO

Todo el día y toda la noche estamos pensando una infinidad de cosas distintas. Pasa por la mente una especie de película cinematográfica constante, pero des­conectada. Entre tantas ideas diferentes nos detiene alguna que otra. A éstas las contemplamos mentalmen­te, les damos vueltas, posiblemente las comentamos con alguien y luego volvemos a repasarlas más tarde. Esas ideas se convierten en imágenes mentales. La imagen mental es lo que pasa al Subconsciente, se establece allí y vuelve, lo que llaman los psicólogos, "un reflejo".

Los psicólogos no estudian sino los reflejos que gobiernan el comportamiento y las aberraciones menta­les. Los metafísicos abarcan un campo mucho más am­plio y saben que los reflejos gobiernan no sólo al hom­bre, sino también a todo lo que le ocurra al hombre exteriormente.

Tantas veces se contemple o se estudie una idea, tanto más se arraiga su reflejo en el Subconsciente. El Subconsciente no discierne. Esa no es su función. El no tiene poder para protestar. No tiene voluntad propia. No tiene sentido del humor. No sabe si la orden que le hemos dado es un chiste o es en serio. Su función consiste: primero, en almacenar las imágenes mentales, y luego lanzarlas hacia afuera como salen las copias fotostáticas. Es un autómata o un robot. Es un servidor maravilloso que nos economiza toda la tarea de recordar y poner en práctica todo lo que vamos aprendiendo y que hemos ido aprendiendo ¡desde que no éramos más que una gota de agua en el océano! Es pues un secreta­rio, archivador, bibliotecario insigne. Al no haber más archivado la imagen mental que le preparamos, él co­mienza a reproducirla, aprovechando la más insignifi­cante oportunidad, para el resto de la vida... y las vidas... del sujeto, hasta que el sujeto le da la orden de cambiar una imagen por otra.

Ejemplo: ¿Recordarás tú la primera vez que oíste mencionar el "catarro"? No puedes recordarlo; eras muy pequeñito. La noticia te vino de tus mayores y por lo tanto no la pusiste en duda. La aceptaste como cosa natural. Después te enseñaron a temerlo. Te advirtieron las causas del catarro y te dijeron que si se te enfriaba el sudor en tu cuerpecito, si entrabas en contacto con algún amiguito catarroso, si te caía alguna llovizna o si te ponías en una corriente de aire, inevitablemente te daría catarro. Todo eso lo viste en tu mente con puntos y detalles. Pasó a tu Subconsciente y ya no tuviste que recordar más nunca las advertencias que te hicieron tus mayores. Tú no las volviste a pensar, pero tu Subcons­ciente reprodujo con toda fidelidad un buen catarro (el mejor que pudiera producir); cada vez que se te enfriaba el cuerpo, cada vez que te ponías en una corriente de aire, cada vez que se te acercaba un acatarrado y cada vez que te caía un aguacerito. ¡Fíjate bien! Tú no tuviste que volver a pensarlo jamás, pero tu Subcons­ciente jamás ha olvidado la orden; hasta el sol de hoy, continúa entregándote (muy complacido y como quien entrega un regalo) un estupendo catarro cada vez que te descuidas, porque ya tú estás acostumbrado a cuidarte y hasta le refieres a tus amistades el cuento de que "yo no soporto una corriente de aire"; o huyes del que tenga catarro; o dices "no te acerques que tengo catarro", y hasta lo llamas "Mi catarro". Todo lo cual renueva y reafirma la orden dada al Subconsciente, ¡como si éste la necesitara!

Esta mecánica es igual para todos los demás males que aquejan al ser humano, desde el catarro hasta la muerte; accidentes, luchas, vejez, pobreza, "mala suerte", fealdad moral, "pecados", cataclismos, guerras, mal tiempo, crisis monetaria, enemistades, pleitos, etc. Los hombres varían pero el proceso de reproducción es siempre el mismo.

La ley que estoy explicándote se llama El Principio del Mentalismo y es la Primera Ley de la Creación.

Este es el universo mental. Esto es lo que quiere decir la Metafísica cuando dice "Todo es Mente".

Las leyes de la Creación son siete.

 

LA VERDAD DEL SER...

Felizmente NO ESTAMOS OBLIGADOS A SOPORTAR ETERNA­MENTE EL CASTIGO QUE ENCIERRA UN CONCEPTO MAL FORMADO. Somos libres, y si queremos podemos cambiarlo por otro que produzca satisfacciones, premios y bendicio­nes. De la misma forma que se produjo la imagen antigua se produce la nueva; sólo hay que borrar prime­ro la antigua. Hay que desocupar el lugar que estaba para habitarlo con la imagen nueva. Tal como se borra una letra errada o superflua en una palabra escrita, para sustituirla por otra o para eliminarla.

La experiencia ha determinado la técnica a seguir para borrar todo lo indeseable. Es la siguiente: CADA VEZ QUE TE OCURRA ALGO DESAGRADABLE, PIENSA Y LUEGO REPITE EN VOZ ALTA: "NO LO ACEPTO. LO NIEGO. LO RECHAZO". No te alteres, no le pongas énfasis a lo que dices; simple­mente dilo con toda calma.

Con la Fe que debe darte que tu palabra es una orden que tiene que ser cumplida incondicionalmente. Tú no ves el cambio que ocurre en ti en ese momento. Tal vez no veas el resultado inmediato en el exterior, a menos que estés muy atento a las pequeñas señales; pero de acuerdo con el grado de Fe y de convicción que sientas al formular la negativa, así será el resultado. Si tu Fe y convicción son fuertes, el resultado será instan­táneo, como un milagro.

La experiencia nos ha enseñado que no se puede dejar el "hueco" vacío, o medio vacío. Hay que llenar inmediatamente el espacio desocupado. Al termi­nar de expresar la negativa tienes que "afirmar la ver­dad", como se dice en el lenguaje metafísico. "La Ver­dad" es la imagen nueva que ha de grabarse y reproducir el Bien para toda la eternidad. Nos interesa que esta imagen sea lo mejor posible. Que sea la verdad entera y no una semi-verdad. Que constituya la voluntad de Dios, pues Dios es La Verdad y El Bien.

Tal como enseñó Jesús, en el hombre está Dios. En todo hombre hay el Ser Divino. Todo hombre logra verlo, conocerlo y sentirlo algunas veces en el curso de su vida terrena. Es aquel que surge en un padre cuando le presentan su primer hijo recién nacido. Cuando se enamora por primera vez. Cuando se lanza a salvar a otro que está a punto de caer bajo las ruedas de un automóvil. Cuando se compadece ante una desgracia ajena. Cuando se olvida de sí para emprender un acto heroico. En todos esos momentos actúa el Ser Divino. Pasado ese momento priva la conciencia terrena que no es "mala". Sólo escasa de evolución o adormitada. El Ser Divino es la Verdad tuya, mía y de todos. El es perfecto, bello, no envejece, no se enferma, no peca, no muere, no sufre, no lucha, no le falta por aprender, todo lo sabe, no falla jamás, no cambia jamás, no teme, no duda y está atento en todo instante a nuestra más insig­nificante plegaria. Es la Verdad Perfecta. Es Amor, Inteligencia, Vida, Verdad, Alma, Espíritu y Princi­pio, o sea, las Siete Fases de Dios, porque el Ser Divino es Hijo de Dios, una célula de Dios mismo. Esto no es Panteísmo. El hombre no es Dios; así como una gota de agua de mar no es el mar; pero en una sola gota de agua de mar se encuentran todos los componentes del resto del mar. Ella es una célula del mar.

Como nuestra conciencia está adormitada (restringi­da como un botón de rosa que se va abriendo poco a poco), no sabemos determinar exactamente lo que es el Bien y la Verdad. Quisiéramos que alguien nos lo indicara, nos enseñara y nos dictara la imagen que debemos  grabar. Ese "alguien" lo tenemos en el Ser Divino. Jesús dijo: "Conoced la Verdad y ella os hará libres". Todo lo que hay que hacer, al ir a formar una imagen nueva que sustituya la vieja, es recordar al Ser Divino. Simplemente recordarlo... Al instante Él inspira la nueva imagen. Digamos que te sientes resfriado, para seguir el mismo ejemplo original; ya sabes que se debe a la imagen que tienes grabada en el Subconsciente. Ya sabes que ese resfriado es un reflejo. Si no te agrada el resfriado (porque hay personas que gozan con las enfer­medades, las hace sentirse importantes) lo niegas, lo rechazas, no lo aceptas; y luego recuerdas tu Ser Divino. Al transferir tú el pensamiento del resfriado a la Verdad del Ser, se enchufa (tal como una clavija en un tablero telefónico) en la Verdad correspondiente y "ves" la nueva imagen que debes grabar: La imagen opuesta a la enfermedad es la vida. "Yo soy Vida", debes decir en alta voz. "Yo soy la Vida. La vida es salud. La salud es lo opuesto a la enfermedad. La salud es la única verdad". Extiéndete por ese camino hasta donde quie­ras. Recuerda que estás formando una imagen. Mientras más la "veas" mejor para ti. PIENSA LO BUENO.

Esto es muy diferente de la autosugestión, pues ésta sólo consiste en repetir como un loro una frase estereo­tipada, optimista, siempre igual. La autosugestión no logra sino desflorar la superficie, sin penetrar el asunto y sin conocimiento de causa. La Verdad del Ser razona, investiga, resuelve, penetra y destruye la causa; limpia, sana y renueva el Subconsciente, lo fortifica, adelanta al ser humano y le ensancha la conciencia. Es una verdadera cura, segura y radical, es una cura segura para los defectos, los efectos y los "pecados", pues éstos también son reflejos e imágenes grabadas. El tal "peca­do original" verás que no es otra cosa que el concepto, o sea, la imagen que ocasiona el reflejo. Las iglesias creen que es culpa del "Diablo" El Ser Divino vive permanentemente en el ambiente que llamamos "celestial". Es el ambiente del Bien. No lo olvides, pues ésta también es la purísima verdad. Mientras más te identifiques con ese ambiente, más lo reproducirás en tu vida exterior, en tu vida diaria. La sensación que más semejanza tiene con lo que deben sentir los hijos de Dios en Todo momento, es la que sentimos cuando recibimos un magnífico regalo. Cuan­do damos las gracias por un presente que nos llene de satisfacción, sentimos algo que es mezcla de alegría y ternura, ¿no es así? Bien, ese es estado del que mora "en el Cielo", y ese es el carácter del Ser Divino. Cuando se está en ese estado de ánimo, el "mal" se aleja. El no soporta ese clima. No le gusta. No se aviene a su naturaleza. Por lo tanto, el tercer paso que la experien­cia nos ha enseñado a dar, en la práctica de la Verdad del Ser, es el siguiente: Cuando hayas terminado de hacerlo que llama el lenguaje metafísico "un tratamiento" o sea, negar y afirmar, siempre da las gracias a Dios como si ya hubieras recibido el premio. Cierra tu tratamiento con una expresión de inmensa gratitud por el Bien ya recibido. Esta es una manifestación de Fe. San Pablo dijo: "La Fe es la evidencia de las cosas que no se ven ". Y Jesús dijo: "Siempre que ores, cree que recibes, y recibirás".

Este tratamiento está descrito y expuesto en La Bi­blia, por supuesto que en los términos bíblicos, tan simbólicos y encubiertos que ha sido necesario la labor consagrada de expertos en semántica, lingüística, filo­logía clásica y simbología para desentrañar el sentido. La Biblia lo llama "Manases y Efraín", y tiene mucho que decir respecto a estos dos hermanos. Jesús el Cristo lo enseñó en la forma siguiente: "El que quiera alcan­zar la vida eterna, que se niegue a sí mismo y luego me siga a mí".

No quería decir que siguiera al hombre Jesús sino al Cristo. La palabra Cristo viene del griego "Krystós" que significa "el Ungido", o sea, el Hijo de Dios, La Verdad.

En el nuevo testamento, Jesús menciona el trata­miento así: "Que sea vuestro hablar No, No; Sí, Sí; porque lo que pasa de esto de mal procede".

 

 

"COMO ES ABAJO ES ARRIBA"

Como dije al comienzo, mi empeño es el poner en los términos más sencillos (a la altura de un ser mayor de diez años y de inteligencia corriente) el significado de los tratados metafísicos, filosóficos, psicológicos y de simbología religiosa, tan obscura para la mayoría y por lo tanto prohibitivos y desperdiciados en su totalidad, a pesar de que son un tesoro inapreciable; y nada de lo que estoy exponiendo aquí es nuevo. Todo está dicho, des­cubierto y enseñado desde los tiempos más remotos. Sólo está ignorado o mal comprendido.

En cualquier tratado de Biología encontrarás expues­to, en términos técnicos, lo que ahora te voy a describir en palabras "de a centavo". Cuando tú frunces el ceño y amarras la cara, se opera una reacción en la médula cerebral, que baja junto con el fluido de la columna, se infiltra en el hígado después de haber pasado hasta allí por medio de un proceso, que llaman "de osmosis". Una vez que ha entrado en el hígado transforma la colesteri­na en bilis; la bilis altera el humor poniéndote amargo, y ese mal humor te hace amarrar la cara y fruncir el ceño. Es un círculo vicioso que te mantiene en el clima "infernal", en el cual el mal se encuentra a sus anchas, se alimenta y crece y atrae todo lo de su clase que esté flotando por ahí.

Ahora invirtamos el proceso para ver lo que pasa. Al sentirte con el ceño fruncido y la cara amarrada, o al pasar por un espejo y constatar tu expresión, oblígate a sonreír y a relajar esos músculos apretados. Se lo debes a tu salud y a tu alma. Inmediatamente se transforma el fluido cerebro-espinal. Cuando llega al hígado actúa como un baño de gracia. Te sientes bien, alegre, respiras profundo, se te endulza la expresión. Estás en el clima celestial. Allí no prospera el mal. Huye de él. Allí no ocurre sino lo bueno. Tú escoges. ¿Vives en el cielo o en el infierno?

"Como es arriba es abajo; como es abajo es arri­ba". Así lo dijo Hermes, para explicar la Segunda Ley de la Creación, que se llama Principio de Correspon­dencia. Para nuestros propósitos basta el ejemplo que te di en los dos párrafos anteriores. Verás que el cuerpo y el espíritu se complementan. Tienen que andar juntos y actuar conjuntamente. No podemos divorciarlos. Si el ser humano está feliz, está sirviendo al Ser Divino. Si el hombre está infeliz se aparta del Ser Divino y por lo tanto no está sirviendo a Dios, ya que el Ser Divino de cada hombre es una célula de Dios, o sea, el Hijo de Dios.

 

LA PALABRA...

"En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, y se hizo carne y habitó entre nosotros". Así comenzó Juan el Apóstol su Evangelio. Hasta ahora se había creído que "el Verbo" no podía ser otro sino Jesucristo. No. Las catorce primeras estrofas de su Evangelio las escribió Juan como una lección y como una afirmación metafísica, para preparar su mente a lo que iba decir. Para que todo fuera de acuerdo con la Verdad. (He resumido las estrofas para no alargar inde­bidamente estos textos) La afirmación no tiene co­nexión con el Evangelio en sí.

El Verbo significa lo que es: La Palabra, pero expre­sado en los términos poéticos y grandilocuentes que tanto gustaban en aquella época. La palabra es el pensa­miento hablado, y en ese sentido la empleó Juan, convo­cando a la Verdad para que hablara por él en sus pala­bras. "Se hizo carne" fue el decreto que se manifestara, "y habitó entre nosotros" es la reafirmación de este decreto. Al mismo tiempo es una información para la posteridad: "En el principio..."

Juan fue enseñado íntimamente por el propio Maes­tro de la Metafísica cristiana, y nos asombra lo bien que expresa el proceso la frase: "Se hizo carne y habitó entre nosotros ", además de que de un solo golpe afirma la Fe. "La Fe es la evidencia de las cosas que aún no se ven". La Biblia toda es un poema.

Jesús dijo: "Por tus palabras serás condenado, y por tus palabras serás justificado". Más claro no puede expresar la misma a verdad. También dijo: "No es lo que entra por su boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de su boca, porque lo que de la boca sale, del corazón procede". Otra diáfana manera de expresar la misma verdad. Se lo dijo a los Judíos para rebatirles la creencia de que era "malo" comer ciertas cosas, como la de comer en la compañía de los Gentiles.

Sin embargo nada de esto ha sido tomado en serio por las iglesias: y la gente (imperdonable en los sacerdotes) continúa hablando tonterías sin darse cuenta que cada palabra que pronuncia es un decreto que se manifiesta en ellos y en sus vidas. Sobre todo aquello de que la voluntad de Dios es algo desagradable y duro de aceptar.

Te propongo que resuelvas un día poner atención a todo lo que digas durante ese día. Te sorprenderá la cantidad de decretos negativos que lanzarás.

Vamos a recordarte algunos de los que emplea la mayoría a diario, y tú entre éstos, por supuesto: "Los negocios están malísimos"... "Las cosas están muy malas"... "La juventud está perdida"... "El tráfico está imposible"... "El servicio está insoportable"... "No se consigue servicio"... "No dejes ese dinero allí porque lo van a robar"... "Los bandidos están asaltando en todas las esquinas"... "Te vas a caer"... "¡Te vas a matar!"... "Te va a pisar un carro"... "¡Vas a romper ese vaso!"... "Yo tengo tan mala suerte que..."... "Yo tengo muy mala memoria"... "Yo no puedo probar eso, me hace daño"... "Mi reumatismo"... "Mi alegría"... "Mi dolor de cabeza"... "Mi mala digestión"... "Ese es un bandi­do"... "Esa es una desgraciada"... "¡Cuando no! ¡Tenía que ser!"... etc, etc. Una vez pronunciado el decreto, procede a manifestarse.

¡Y todo eso es mentira! A la luz de la Verdad del Ser es mentira. Todo eso es dicho por costumbre sin pensar­lo siquiera, porque "del corazón procede". Todo fue grabado con la palabra y el sentimiento. Fue aceptado por el pensamiento.

Claro está, las imágenes ya están lo que se llama metafísicamente "cristalizadas" en el Subconsciente, por venir desde muchas vidas anteriores. Al principio tu conciencia no captará la posibilidad de reformarlo todo, pero devanando la cuerda se llega al hilo. Basta con un gramo de buena voluntad. Basta con el deseo expresado, o simplemente sentido, para comenzar o deshacer toda la cristalización. Basta con que cada vez que te encuen­tres expresando un pensamiento negativo, lo niegues, lo rechaces y digas que ya no aceptas más esos conceptos. Luego ve la Verdad del Ser, da gracias con toda tu alma por la sublime oportunidad que se te ha brindado para limpiar tu Subconsciente y sanar tu alma. De un solo golpe te has confesado, arrepentido y perdonado; pues la confesión y el perdón no son válidos sino frente a uno mismo. Después, si tú eres católico, puedes cumplir con los preceptos de tu iglesia si tú quieres, pero al primero a quien hay que perdonar es a uno mismo. Hay personas que no se perdonan jamás el haber fallado en algo y por lo tanto se odian. Eso es soberbia y venganza. ¿Con qué derecho buscan el perdón de otro?

Jesús dijo: "El hombre de su mal caudal saca cosas malas. De su buen caudal saca cosas buenas". "Ama a tu prójimo como a ti mismo", implica una autorización para amarse, en primer término, y al prójimo en segun­do. Tenerse respeto y dignidad, aceptarse uno tal cual es, sin exigencias desmedidas y comprender que fallar es humano y el perdonar es divino. Primero, pronunciar la palabra de Verdad por uno mismo, para poder pronun­ciarla por el prójimo.

La palabra es el pensamiento hablado; luego está regida por la Primera Ley de la Creación, que en los textos clásicos se llama El Principio del Mentalismo.

Esta primera ley te la expliqué en los cuatro primeros capítulos y he terminado de desarrollarla en éste. Inser­té una idea de la Segunda Ley de la Creación, o sea. El Principio de Correspondencia, en el Capítulo ante­rior, porque las leyes todas se entrelazan y dependen unas de otras y en ese punto convenía exponértela.

 

LA VIBRACIÓN

El diccionario define la palabra "vibración" como un temblor rápido. La mayoría cree que sólo el sonido procede vibración. Todo vibra.

La vibración es medida por su velocidad, o sea, por el número de oscilaciones que ocurren en un segundo de tiempo y la manera de expresarlo es: "Esta vibración tiene una frecuencia de (número)". Es decir, "Esto vibra a tal frecuencia".

Entre los colores, el blanco, que es la reunión de todos los colores vistos en la luz, es el que vibra a más alta frecuencia. El negro es también la reunión de todos los colores, pero vistos a la sombra; y tiene la frecuencia más baja de todas, o sea cero frecuencia, para nuestro entender.

Los pensamientos emiten vibraciones que parten en todas direcciones, tal como las ondas que se forman en el agua cuando a ésta le cae una piedra y tiene color. Los pensamientos negativos son sombríos y por lo tanto vibran a bajas frecuencias. La gente los llama "pensa­mientos negros", con razón. Los pensamientos positi­vos son luminosos, y a medida que se acercan a la Verdad, van siendo más y más luminosos, hasta que llegan a ser radiantes cuando expresan la Verdad Abso­luta que es Dios.

Las altas frecuencias dominan a las bajas frecuen­cias. Los pensamientos de alta Verdad disuelven los pensamientos sombríos, bajos, falsos, actuando como una carga de dinamita en una roca. Esto te hará ver lo que ocurre cuando tú opones el pensamiento y la palabra de la Verdad, a un cúmulo de cristalizaciones sombrías, y por eso te dije que bastaba con el deseo sentido para comenzar a deshacer las cristalizaciones acumuladas en el Subconsciente.

Las personas que tienen la videncia desarrollada (todos tenemos esa facultad, pero la mayoría no la ha desarrollado) conocen los pensamientos por su color y como saben el resultado exterior de cada tipo de pensa­miento pueden predecir el futuro. Ven claramente el producto inevitable de cada persona.

Los pensamientos de amor y buena voluntad son color de rosa iridiscente. El de la pasión sexual es rojo encendido. El color de los pensamientos de vida es amarillo. El de la inteligencia es lo que llaman hoy chartreuse, muy luminoso. Los de misticismo son color violeta iridiscente y profundo. Cuando hay negatividad mezclada con estos colores, el tono se vuelve sucio. Por ejemplo, en la persona cuya inteligencia está aún sin desarrollar, o embrutecida, el color es de la mostaza. La pasión sexual, cuando no es comprendida y está guiada únicamente por el instinto animal, es marrón rojizo.

Las vibraciones mentales forman un aura de forma ovoide alrededor del cuerpo, y en esa aura se ve toda la composición de colores que emanan del pensamiento individual. El Subconsciente limpio, positivo, produce un aura luminosa, multicolor, como el oriente de la perla. Como las altas frecuencias dominan a las bajas, ningún pensamiento negativo que viene de afuera puede penetrar en un aura y un ambiente positivo. Para que pudieran penetrar en la mente de un individuo, éste se tendría que poner "a tono" con ellos, o sea, que tendría que ponerse a pensar en forma negativa.

La Ley de Atracción es inmutable. Ella ordena que todo atraiga su igual. Las imágenes que están grabadas en el Subconsciente, atraen irremisiblemente todo lo de su misma clase y repelen todo lo que no sea afín a ellas. Por eso es que si el concepto del individuo es bueno, no se ve sino el Bien. Como no puede atraer lo que no es igual a su concepto, no puede acercársele nada malo; y a la inversa. El individuo que está lleno de conceptos errados no le ocurren sino cosas malas, porque no le es posible atraer otra cosa. Esa es la explicación del llama­do "contagio del pánico".

¿No has notado que cuando te entregas a meditar o darle vueltas a tu cabeza a algún incidente, digamos una malacrianza que se te ha hecho, o una ofensa, como te va aumentando la indignación y el resentimiento? ¿Com­prendes ahora que atraes todos los pensamientos iguales y que éstos vienen a aumentar el volumen de los tuyos? El que ya conoce esta ley, no se permita jamás el lujo de entretener en su mente una sola idea desagradable. Al pensarla la rechaza, la compara con la Verdad del Ser y piensa inmediatamente en algo bueno. Espero que te habrás dado cuenta de la necesidad de mantenerse risue­ño, viviendo en el clima celestial. PIENSA LO BUE­NO Y SE TE DARÁ.

Debido a esta Ley de la Atracción, al salir un pensa­miento de la mente busca a sus semejantes y se junta con ellos. Hay en la atmósfera grandes masas como nubes de pensamientos. Si el concepto colectivo de una ciudad es pesimista, las nubes son gris oscuro. Planean sobre la ciudad, rodean a los habitantes, acuden a donde sean atraídas, mantienen a toda la población en su mismo concepto, y a esto se debe el "carácter" de las diferentes nacionalidades y razas. ¿No te ha ocurrido entrar en una casa y sentir el ambiente pesado o alegre golpearte al entrar? ¿Has notado el ambiente mortuorio o triste de un entierro? ¿Has sentido el ánimo oprimido al pasearte por una casa vacía, sin comprender el porqué? No hace mucho yo acompañaba a una amiga en la búsqueda de un apartamento. Al entrar en uno de aspecto muy bonito, muy elegante, y al parecer muy convincente, ambas tuvimos una sensación muy desagradable y lo comenta­mos. Al día siguiente fuimos informadas que allí había ocurrido una serie de tragedias.

Las personas de mente positiva aligeran el ambiente, las masas negras huyen lejos para luego regresar cuando ya no está presente quien las perturbe. Si un metafísico entrenado entra en contacto con semejante ambiente, deja un beneficio duradero, porque su sola presencia destruye la obscuridad, de la misma forma como se disipa la noche cuando se enciende una luz. ¿Para dónde se va la obscuridad cuando sale el sol? Para ninguna parte, se convierte en luz.

La persona que ya ha logrado transformar sus con­ceptos, que ya ha formado el hábito de consultar y conectar todo con el Ser Divino, tiene el poder de destruir las cristalizaciones ajenas con sólo "pensar la Verdad" frente a los males que en ocurrir en otros. Esta es la explicación de las curas y milagros de Jesús.

El Mandamiento de "Amar al prójimo como a uno mismo" no significa que estamos obligados a sentir afecto. "Perdona a tus enemigos". "Haz el bien a aquellos que te persiguen y te odian", "Vuelve la otra mejilla". Todo esto significa que al mirar entrar el mal en otro, debemos pensar en su Ser Divino y declarar la verdad. Simple, sencillo y fácil. No hay modo más práctico de disolver el resentimiento que tengamos. Muchas veces oímos exclamar: "¡Yo perdono pero no puedo olvidar!" Si tú eres de éstos, ensaya lo que te he dicho. No tienes necesidad de dirigirte a la persona que te ofende. No tienes para qué mirarla. Será mucho mejor que no la mires, porque no podrías apartar el pensa­miento de lo que te ha hecho. Simplemente piensa en el Ser Divino tuyo, ya que es uno mismo en todos. Dirígete a éste y al instante sabrás cuál es el "tratamiento" que debes dar; o sea, que te vendrá a la mente el aspecto de la Verdad que debes invocar. Contra el odio y la inarmonía. El Amor. Contra la enfermedad y la amenaza de muerte. La Vida. Contra la estupidez, la inteligencia. Contra el desorden. El Principio. Contra las barreras absurdas, las fronteras arbitrarías, las prohibiciones "legales" sin lógica, de las cuales te citaré algunas para que vayas aprendiendo a emplear bien la Verdad: incon­venientes de pasaportes, retardos de entregas de docu­mentos, molestias de tránsito, papeleo burocrático, in­consistencias policiales y gubernamentales... contra todo esto. Espíritu. Dios es Espíritu. ¿Quién detiene, atrasa, retarda, impide, prohibe u opone barreras absurdas a Dios? ¿Que cosa impide pasar al Espíritu?

Todo esto es la Verdad. El pensamiento que se torna a la Verdad vibra a la más alta de las frecuencias y ninguna otra frecuencia menor la puede dominar. Sólo hay un peligro permitir que se mezcle la impaciencia o la ira con un pensamiento de la Verdad. Todo trabajo espiritual tiene que ser hecho con calma. Mi maestro exigía aún más. Recomendaba que todo trabajo espiri­tual fuera hecho "como quien pinta un cuadro sobre una tela de araña". Esto se debe a que las vibraciones del pensamiento espiritual son de tan altísimas frecuencias y de un poder tan grande, que hay que manejarlas con gran delicadeza.

La Vibración es la Tercera Ley de la Creación.

 

EL VACÍO

El vacío no existe. Más que nunca en este siglo se está comprobando. El aire está lleno de átomos y de partículas de polvo. El átomo es mitad espíritu y mitad materia. Materia porque es el comienzo de ésta. Espíritu porque es invisible y es energía. El átomo está al borde de la división entre materia y espíritu.

La Naturaleza no soporta el vacío. Deja un potecito de tierra desatendido y olvidado, al poco ha brotado en él una espiguita verde. Lo mismo ocurre con un reci­piente de agua. No tardará en mostrar minúsculas larvas de vida en agitado movimiento.

La Naturaleza tampoco soporta el desperdicio, todo está en proceso de convertirse en algo útil; todo sirve para algo y para alguien y todo tiene su sitio propio y exacto.

Todo ser humano viene a la Tierra con lugar ya dispuesto para él; con una labor que realizar, equipado con un talento especial que lo dispone al trabajo y al puesto que le pertenece.

Así como cada huella digital es única en el mundo y en toda la Historia de la Tierra, cada individuo es único; su puesto, sitio o lugar es únicamente para él; nadie más puede desempeñar la labor como él. Si el sitio que le corresponde está momentáneamente ocupado por otro, los dos individuos se sentirán defraudados, incómodos y estarán haciendo mal lo que están desempeñando en el momento.

La labor que nos corresponde a cada uno, sea en el Comercio, en las Artes, en las Letras, en la Religión, en el Gobierno o en la Agricultura, es muy fácil determi­narla; cada uno está capacitado para conocer su lugar único. Está en aquello que más le gusta hacer en el mundo. Aquello que no parece trabajo, que cuando uno lo está haciendo se olvida de todo y considerará absurdo que le pagarán por hacerlo cuando se está divirtiendo tanto. Está de acuerdo con la Segunda Ley de la Crea­ción, o sea. El Principio de Correspondencia.

Si eres un desajustado, busca en ti lo único que te gusta hacer, declara que tu lugar te está esperando, reúnete con personas de tu misma afinidad, dirígete hacia el lugar que más te guste, y pide luz a tu Ser Divino para que te indique dónde debes encontrarlo.

Lo mismo debes hacer cuando veas a alguien sin trabajo o sin propósito en la vida. Declara la Verdad por él. El desempleo es un concepto errado. La inarmonía es producto del desajuste. El vacío no existe, el desorden no existe, ni el desperdicio. Este es un universo basado en el orden y la armonía entre todas sus partes.

Cuando hace falta algo; desde un tornillo hasta un marido; desde un cuchillo hasta una suma de dinero; desde un lugar para estacionar el carro hasta una coci­nera buena y honrada, lo que sea, declara la verdad: "La Naturaleza detesta el vacío, el desajuste y la inarmo­nía". Verás aparecer el complemento de alguna manera. A alguien le falta lo que a ti te sobra. A alguien le sobra lo que a ti le hace falta. La Oferta y la Demanda es la parte de la Cuarta Ley de la Creación, que es el Principio del Ritmo.

Un joven me consultó en este mismo sentido. Perdía todas las colocaciones y se encontraba desajustado en todas partes. "No sirvo para nada. Todo lo hago mal", me dijo.

—¿Qué es lo que más te gusta hacer? —le pregunté.

—Nada —me contestó—. Me gusta no hacer nada.

—¿Y por qué pierdes todas las colocaciones?

—Porque me aburren y me pongo a conversar con mis compañeros de trabajo, los distraigo y pierden el tiempo de la Empresa.

—Entonces, tus compañeros de trabajo encuentran que lo que les conversas vale la pena escucharlo?

—Bueno... Sí. Ellos también se olvidan del tiempo y del trabajo y...

—Bien, no busquemos más —interrumpí—. Si lo que tú hablas, o la manera de exponerlo ejerce tal magnetismo, estás mandado a hacer un puesto en Relaciones Públicas. Búscalo hasta que lo encuentres. Te está esperando.

Así lo hizo. Cuando lo volví a ver irradiaba plenitud. A esta verdad se refería Jesús cuando dijo: "Miradlas aves del cielo como ellas no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros: y vuestro Padre Celestial las alimenta. Considerad los lirios del campo como crecen; no trabajan ni hilan: más yo os digo que ni aún Salomón en toda su gloria fue vestido como uno de ellos". Esto no significa que estamos autorizados para entregarnos a la pereza y que la comida y las ropas nos caerán del cielo. Lo que significa es que cada cual en su sitio apropiado tendrá todo lo que necesita, sin trabajo y sin esfuerzo.

A los pájaros no les corresponde sembrar ni segar ni recoger en graneros. Esto sólo le corresponde al hombre que en ello encuentre su mayor placer. El cometido de las aves es el de continuar la especie voladora que va a tener al Plano Angélico. Su contribución a la vida del hombre es la de recrear la vista y los oídos.

A las flores no le corresponde trabajar hilando telas. Su cometido es el de florear simplemente. Su contribu­ción, además de recrear la vista y adornar, es la de proveer con la miel y el polen a completar la labor de las abejas. La Mente Superior se encarga del resto. Así nosotros, cada uno en su sitio natural, estamos ajusta­dos, somos felices y rendimos la utilidad que se des­prende. La mente Superior completa la Ley.

 

EL DERECHO DE CONCIENCIA

Hemos vivido centenares de vidas anteriores a la que ahora estamos viviendo. Fuimos un átomo, fuimos una gota de agua, fuimos vegetal, mineral, animal y hombre. En nuestra etapa humana hemos sido hombre o mujer muchas veces. Hemos pertenecido a todos los niveles sociales y en cada uno de esos niveles, hemos aprendido las lecciones propias del nivel.

Si hoy somos personas que vivimos rodeados de las ventajas, comodidades y adelantos modernos, es porque lo hemos merecido en nuestra trayectoria. Cada objeto que poseemos por herencia, por compra o por regalo, lo tenemos ahora, porque en alguna vida anterior aprendi­mos a usarlo y nos habituamos a ¿I. La imagen de ese objeto es ya un reflejo en nuestro Subconsciente y a menos que nosotros mismos la disolvamos, el objeto lo tendremos siempre con nosotros. Ese u otro igual.

Este derecho adquirido se llama, en el lenguaje metafísico, "El Derecho de Conciencian. Significa que no es posible poder jamás, ni es posible que se nos pueda robar un objeto cualquiera, ni una joya, ni un dinero. Absolutamente nada. ¿Cómo se puede perder ni ser robada una imagen que está grabada en nuestro Sub­consciente? No es posible.

Es parte de la Cuarta Ley de la Creación; de ella dijo Jesús: "No os alleguéis tesoros en la tierra donde los ladrones las hurtan y el moho destruye. Antes alle­gaos tesoros en el cielo, donde el moho no puede des­truirlo ni los ladrones los pueden hurtar". La creencia general es que esto significa que debemos coleccionar virtudes y despreciar las posesiones terrenas, pero no es así. El Maestro expuso la Ley en esas palabras, añadien­do: "Porque donde está tu tesoro está tu corazón". Ya sabemos lo que El quería decir con la palabra "cora­zón"; además la frase como El la dijo, era: "Porque lo que está en tu corazón es tu tesoro". Fue mal traducida y adulterada cuando la pasaron del idioma arameo (en que hablaba Jesús) al latín.

Cuando a ti se te extravía algún objeto de tu posesión, cuando se te pierde algo por la calle y cuando algo te sea robado, con sólo recordar el hecho de que tú posees lo tienes por Derecho de Conciencia; que está grabado en tu Subconsciente y esta imagen no te la pueden quitar ni la puedes perder, basta para que el objeto aparezca intacto. Alguien te lo devuelve, lo encuentras tú mismo o reciben un regalo de un objeto similar. Sin ningún esfuerzo para ti volverá a tus manos de ahora en adelan­te, porque ya conoces la Ley. No la olvides. No te angusties ni le temas a los ladrones. Tu pensamiento en ese respecto se convierte en positivo y no se te puede acercar alguien con intención de hurtar. Te recomiendo hacer la prueba la próxima vez que extravíes algo. Declara: "Nada que es mío por derecho de conciencia puede perderse o ser robado". Luego, da las gracias por el inmenso don que se nos ha conferido en una Ley tan sabia. Cuando el objeto vuelva a tus manos, lo cual no tardará en suceder, vuelve a dar las gracias.

Mi maestro decía que el que conoce la Ley del Derecho de Conciencia y la practica hasta formar de ella su concepto, puede dejar en medio de una calle transitada un billete de alta denominación, y nadie lograría verlo. Al día siguiente lo volvería a encontrar en el mismo sitio.

Para lo cual es necesario tener el concepto ya forma­do y la imagen del temor a los ladrones totalmente disuelta. Yo sé que la primera vez que empleé la Ley, únicamente por obediencia y sin tener la convicción sembrada en mí, estaba en Nueva York y dejé mis anteojos olvidados en un taxi. Al llegar a la casa me di cuenta de que los había perdido, y como venía de la clase de metafísica con la lección fresca en la mente, declaré al instante la Verdad: "Nada que es mío por Derecho de Conciencia se puede perder. Mis anteojos volverán a mí. Ellos están en el sitio que les correspon­de: frente a mis ojos".

Pasaron cuatro días y me llamaron de la Conserjería para que bajara a hablar con un chauffeur de taxi que me buscaba.

—Señora, ¿serán suyos estos anteojos? —me pre­guntó al verme, extendiéndome los lentes.

—Sí, son los míos. ¿Cómo se le ocurrió a usted que eran míos?

—Mire usted qué cosa tan extraña la que me ha sucedido. Los taxistas tenemos que entregar en la ofici­na todo objeto olvidado por si lo reclama el cliente que lo dejó. Yo no pude decidirme a entregar estos anteojos. Como en la oficina quedan anotados todos los recorri­dos que hacemos cada día, yo me impuse la tarea de visitar a cada cliente que conduje ese día. He tenido que hacerlo fuera de horas de trabajo, por supuesto, y por eso me he tardado cuatro días hasta encontrarla a usted. Esto jamás me ha sucedido. ¡Unos lentes corrientes!

Le di una buena recompensa y se me quedó grabada la ley desde ese momento.

Sin mis anteojos no veía claro, no podía escribir, se interrumpía el ritmo de mi vida. Este mínimo detalle alteraba el ritmo de una serie de otras cosas que afecta­ban a terceros. El Universo está basado en el orden y la armonía entre todas sus partes.

 


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